He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]

lunes, 27 de marzo de 2017

Sugus

Parece que los sugus son uno de los ingredientes fundamentales en los programas de formación de la Escuela de Escritores de Madrid. En casi todas las mesas hay unos poquitos...
;o)
Hoy he llegado un poco antes de tiempo a la clase de Ángel Zapata. Pero con ganas después de no haber tenido clase el lunes pasado, y contento porque después de varias semanas viniendo de vacío hoy traigo los deberes hechos...

domingo, 26 de marzo de 2017

Ansia

Bajo un par de días a Madrid y echo al bolso tres o cuatro libros: uno para cuando viaje en el metro, otro por si tengo un rato para tomar un café en algún sitio chulo, otro por si se me acaban esos dos, otro de por si acaso...
Al final, muchas veces, me vuelvo con esos sin terminar y encima añado alguno que me presta alguien o uno que me compro o algo que cojo de la biblioteca...
¡Ay!

sábado, 25 de marzo de 2017

Leyendo...

Hace un par de noches, leyendo en la cama...

viernes, 24 de marzo de 2017

jueves, 23 de marzo de 2017

miércoles, 22 de marzo de 2017

martes, 21 de marzo de 2017

¿Qué podemos hacer?

Acabo de encontrar esta viñeta en el facebook de Delirio...
¿Qué podemos hacer...? Yo, de momento, intentar hablar aquí de más mujeres lectoras y escritoras...
¡¡¡Seguimos!!!

lunes, 20 de marzo de 2017

domingo, 19 de marzo de 2017

Bibliotecas

Esta semana he ido varias veces a la biblioteca de Buitrago de Lozoya. En una de esas visitas tuve la suerte de ver cómo llegaba un grupo de peques de un cole con sus profas a hacer un taller de lectura y aproveché para hacer esta foto.
Al fondo de la imagen se ve a Isabel y Rosa, que tienen delante un grupo de pequeñajos a quienes están contando cuentos, explicándoles que esos cuentos están disponibles en la biblioteca y animándoles a que los cojan y los lean.
Me admira y me alegra el trabajo que hacen en esta biblioteca (y en otras muchas) para lograr fomentar la lectura, sobre todo en lxs más pequeñxs. Alguna vez que he hablado con ellas de ésto me dicen que hay muchísimos niñxs que van a la biblioteca, que cogen libros y los leen... pero que luego, cuando cumplen 14, 15 y 16 años desaparecen de allí. Al cabo de unos cuantos años más, cuando ya tienen ventitantos, algunxs vuelven, pero pocos.

A todxs mis alumnxs les pregunto si leen. La mayoría tienen 15, 16 ó 17 años. La mayoría me dicen que no, que sólo lo que les mandan en el cole. Y que suele ser un rollo...

¡Seguimos!

sábado, 18 de marzo de 2017

No hay por qué llorar

—Pero yo soy real —dijo Alicia echándose a llorar.
—No te vas a volver más real por llorar —observó Tweedledee—. No hay por qué llorar.

Diálogo de A través del espejo [1871], de Lewis Carroll [1832-1898], que me he encontrado al inicio de Las buenas intenciones y otros cuentos, el libro de mi profe Ángel Zapata que estoy leyendo estos días.

viernes, 17 de marzo de 2017

Querida Ijeawele

Se publicó hace un par de semanas. Yo lo descubrí hace unos días en la librería Venir a Cuento, en Lavapiés y ya lo tengo en lo alto del montón de libros pendientes. Con ganazas de hincarle el diente...

jueves, 16 de marzo de 2017

miércoles, 15 de marzo de 2017

gente que lee (136)

Charles Townley [1737-1805], viajero, coleccionista y anticuario, leyendo con sus amigos en su galería de esculturas. El cuadro fue pintado por el pintor alemán Johan Zoffany [1733-1810] en 1782.

martes, 14 de marzo de 2017

lunes, 13 de marzo de 2017

Paisaje

En el bosque,
la desnudez 
de las ramas
teje telarañas
suspendidas
en la niebla.

De De paso por los días [2016] de Ana Belén Martín Vázquez 1971- ].

domingo, 12 de marzo de 2017

viernes, 10 de marzo de 2017

Nadie es feliz solo

Querido lector:
   Ya es hora de que te reciba a la puerta de mi pequeña Arca de Noé. Has acudido a visitarla con una constancia tan espontánea y tan pura, que tengo que perder el miedo a parecer ufano de mi obra, y acudir delicadamente a saludarte al menos una vez. La gentileza no se paga con descortesía, y yo soy instintivamente agradecido y correcto.
   Este libro ha tenido la suerte de agradarte, y esto es algo que siempre me ha llenado de júbilo. Escribo para ti desde que empecé, sin lisonjearte, evidentemente, pero también sin ser insensible a tus reacciones. Formamos parte de un mismo presente temporal y, lo quieras o no, de un mismo futuro intemporal. Ahora sufrimos las vicisitudes que el momento nos impone, compañeros como somos en la apremiante realidad cotidiana; más tarde seremos el polvo de la Historia, el ejemplo prometedor o maldito, el pretérito que se cumplió bien o mal. Si yo hoy olvidase tus angustias y tú las mías, seríamos ambos traidores a una solidaridad de cuna, umbilical y cósmica; si mañana no estuviésemos unidos en los hechos fundamentales que la posteridad ha de juzgar, estos años pasados perderían todo su significado, porque donde está o ha estado un hombre es necesario que esté o haya estado toda la humanidad.
   Unidos, pues, de este modo para la vida y para la muerte, bueno es que el azar haya hecho que te gusten estos Bichos. Apostar literariamente en el porvenir es un bello juego, pero es el juego de quien ya se ha resignado a perder el presente. Ahora bien, yo soy hermano tuyo, nací cuando tú naciste, y prefiero llegar al Juicio Final teniéndote junto a mí, en la paz de una fraternidad de raíz, que entrar en él solitario, como lobo descarriado. Nadie es feliz solo, ni siquiera en la eternidad. Además, un cuento que te ha agradado a ti tiene algunas posibilidades de agradarles también a tus nietos. ¿Por qué razón no iba a seducirles a estos pequeños andar a nidos? Y si no es así, paciencia: me pondré un poco triste, pero seguiré a tu lado, firme, con el simple y honrado consuelo de haber sido al menos un hombre de mi época.
   Eres, pues, dueño como yo de este libro y, al saludarte a su entrada, no pretendo sugerirte que lo leas a la luz de la imaginación, ni atraer tu mirada hacia la penumbra de su simbología. Esto no me corresponde a mí, porque el árbol no explica sus frutos, aunque le guste que se los coman. Te saludo, simplemente, con esta alegría natural, contengo por haber construido una barcaza en que nuestra condición se ha encontrado, y en la que un día podremos, si quieres, atravesar juntos el Leteo, que es, como sabes, uno de los cinco ríos del Infierno, cuyas aguas beben las sombras, haciéndoles olvidar el pasado.

Prólogo de Bichos [1940], libro de cuentos del escritor portugués Miguel Torga [1907-1995].

jueves, 9 de marzo de 2017

martes, 7 de marzo de 2017

Todo empieza con una sola palabra

Ayer, en la Escuela de Escritores, antes de empezar la clase del taller de escritura creativa con Ángel Zapata.

lunes, 6 de marzo de 2017

Como un albergue

El ser humano es como un albergue.
Cada mañana llega alguien nuevo.
Este es una alegría, este otro es tristeza,
allí viene la mezquindad.
y aquí una chispa de comprensión.
El pensamiento oscuro, la vergüenza, lo malicioso,
puedes encontrarlos a la puerta, sonriéndote;
invítalos a entrar.
Sé agradecido con quien viene,
porque cada uno ha sido enviado 
como un guía desde el más allá.

Poema de Rumi [1203-1273] citado por Joan Garriga [1957- ] en su libro Vivir en el alma [2008].

domingo, 5 de marzo de 2017

No estoy solo, somos tantos

Aprendí el vocabulario del amo, dueño y patrón, me mataron tantas veces por levantarles la voz, pero del suelo me paro, porque me prestan las manos, porque ahora no estoy solo, porque ahora somos tantos.

Víctor Jara [1932-1973]

sábado, 4 de marzo de 2017

viernes, 3 de marzo de 2017

miércoles, 1 de marzo de 2017

martes, 28 de febrero de 2017

Apenas dormí

Apenas dormí. Me preguntaba por qué no me había llevado más que un cuarto de hora contarle todos los años de mi vida. Sin embargo, estaba seguro de no haber olvidado nada. Entonces, ¿qué había hecho con todo aquel tiempo? ¿Qué había sido de él? ¿Y por qué ya sólo quedaban unos cuantos minutos aburridos? Cuando llegase el momento de ver la película de mi vida, no sería muy larga, pensé, sobre todo si la pasaban a cámara rápida. Nada más acomodarme, sin ni siquiera haber tenido tiempo de comprarme un polo, ya habría acabado la sesión. Me pasé toda la noche pensando en este tipo de cosas. Los techos y las paredes crujían.

De la decepcionante novela Qué hago aquí, sentado en el suelo [2003] de Joël Egloff [1970 - ].

lunes, 27 de febrero de 2017

Muy emocionante

Ves una obra que te gusta porque admiras su espíritu, y te dices, sí, es una excelente invención. Entonces, después, mucho después, te sorprendes mirando a una persona, una escena, un objeto, que podría haber sido el origen del cuadro que admirabas, y entonces te das cuenta de pronto de que el cuadro no estaba en absoluto basado en una invención, sino en la verdad. Y este momento de darse cuenta es, al menos para mí, muy emocionante. Porque acentúa toda la originalidad, el valor, el esfuerzo que existe allende la presentación de esa verdad que parecía una invención. Es como escuchar a alguien contar estupendamente una historia y darte cuenta de pronto de que lo que te está contando es su propia vida, que está hablando de él en tercera persona.

De Un pintor de hoy [1958] de John Berger [1026-2017].

domingo, 26 de febrero de 2017

A veces

A veces el aire pesa y cuesta caminar porque lo notas sobre los hombros como una carga enorme que te aprieta contra el mundo.
A veces pesan los zapatos como si los llevaras cargados de piedras. Y te da miedo mover los pies por si te hundes aun más, como en esas arenas movedizas que de pequeño te daban tanto miedo cuando las veías en las películas tragándose a alguien.
A veces vas por la calle y sientes en la piel y en el aire el ruido y la prisa, y observas a la gente que se mueve y corre a tu alrededor, y nadie parece notar que el mundo te pesa a ti en vez de pesarle tú a él.
A veces tienes ganas de estar a solas, mirándote, tratando de descubrirte.
A veces te echas de menos y lo que te apetece es sólo estar un rato solo contigo.
A veces caminas y caminas buscando y buscándote sin encontrar y sin encontrarte.
Y a veces alguien que te quiere te dice que sigas buscándote, porque sabe que seguro que cuando te encuentres vas a estar encantado de verte... y entonces el aire pesa algo menos y los pies van un poco más ligeros...

Madrid, febrero de 2017.

Licencia Creative Commons
A veces por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

Francisco de Goya [1746-1828]

gente que lee (133)

Elia leyendo en mi casa de Atocha, enero de 2008.

sábado, 25 de febrero de 2017

viernes, 24 de febrero de 2017

La fábula de Orfeo

Tal día como hoy, 24 de febrero, en 1607, se estrenó en Mantua La fábula de Orfeo, ópera de Claudio Monteverdi [1567-1643], músico que ya ha pasado por aquí en alguna otra ocasión...



¿Qué íbamos a hacer sin la música...?

jueves, 23 de febrero de 2017

miércoles, 22 de febrero de 2017

Cansancio

A veces estás tan cansado que ni leer te apetece...

martes, 21 de febrero de 2017

Deberes

Cada vez que paso por una biblioteca me llevo más deberes de los que luego puedo leer... Hoy le ha tocado a Javier Tomeo, recomendación de Ángel Zapata en mi taller de escritura. A ver.

lunes, 20 de febrero de 2017

Viaje en tren

Edificios y ventanas, ventanas y más ventanas, fábricas y postes, puentes y postes. Un viejo tren que se arrastra, un tren que dejamos atrás, y edificios y ventanas, y puentes y postes. Y los raíles que relucen, serpentean y se cruzan, se cruzan y se descruzan, y más ventanas y estaciones chiquititas, vagones abandonados y enormes almacenes. Pintadas en las paredes, locales para alquilar, edificios y ventanas, fábricas y postes. Y el balasto y las vías, las vías y las traviesas, los relojes de las estaciones, los trenes de mercancías, las líneas que pasan desfilando. Chimeneas, silos, depósitos de agua y cubas, montañas de arena, puentes y postes. Tejados y antenas, casas y casas, un barco en el jardín, un canal y sus chalanas, bosquecillos de árboles raquíticos, y un hombre que camina y una gran cisterna. Caminos y calles, calles y carreteras, un vertedero que echa humo, un desguace y abedules. Un inmenso cementerio, un aparcamiento desierto, jardines obreros, perales bien plantados, viejos neumáticos apilados, chapa ondulada. Una planta depuradora que remueve bien la mierda, que hace espuma y borbotea como un enorme cocido. Una estación de servicio, una zona comercial, una zona industrial, y un largo túnel negro y mi reflejo en la ventana y se me taponan los oídos, y del otro lado, lo mismo que del otro lado. Y luego la nieve, poco a poco, que cubre el gris, primero sólo un velo transparente y más allá todo es blanco. Árboles talados, grúas, obras, una cantera, un vivero, invernaderos, terrenos baldíos, un tren que cruzamos y que nos sacude. Y luego campos hasta donde alcanza la mirada, adiós a la ciudad y a la periferia, y la nieve se va y pronto todo es verde. Verde claro y oscuro, seco y empapado, pastos, prados, vergeles, matorrales, cuervos, tierras labradas, campos inundados, charcas y estanques, aves rapaces en los postes, arroyos, castillos, bosques, pasos a nivel, coches que esperan, pueblos y campanarios, muérdago en los árboles, lomas de terciopelo, viñedos en las colinas, granjas perdidas y caminos embarrados. Y la noche que cae, y pronto mi hermana, al final del camino.

Acabo de leer Qué hago aquí, sentado en el suelo [2003] de Joël Egloff [1970 - ]. Decepcionante, como diría al gente de Un libro al día. O quizá prescindible. O tal vez psché.
El caso es que creo que me dejé llevar por el título, que me pareció tan sugerente, por los comentarios de la contraportada, siempre tan entusiastas, y al empezar a leerla por este primer párrafo, que me pareció un excelente y prometedor comienzo:

Qué hago aquí sentado en el suelo, al borde de este agujero, y cómo he llegado a esto es fácil de explicar, incluso puedo contarlo todo desde el principio, que es justo lo que voy a hacer. Pero por qué las cosas han sucedido así, por qué este desastre, esa ya es otra historia, y hay que renunciar a buscarle sentido. Jamás se ha visto que brotara luz de las grietas.

Pero nada, han sido ciento y pico páginas de nada. (No sigo por aquí, porque ya tengo dicho que no suelo hablar en este blog de libros que no me gustan...). De entre toda esa nada rescato este viaje en tren que hace el protagonista para visitar a su hermana y que me ha resultado tan visible, tan sugerente. Y que me ha recordado el viaje a Marruecos que yo quise describir hace unos años en un sólo párrafo.

domingo, 19 de febrero de 2017

sábado, 18 de febrero de 2017

Hildegard von Bingen

Hildegard von Bingen [1098-1179], escritora, música, poeta, abadesa, médica, escribiendo.

viernes, 17 de febrero de 2017

jueves, 16 de febrero de 2017

martes, 14 de febrero de 2017

lunes, 13 de febrero de 2017

Mi alegría, mi dolor

Mi alegría es como la primavera, tan cálida
que hace florecer las flores de la Tierra entera.
Mi dolor es como un río de lágrimas,
tan vasto que llena los cuatro océanos.

Versos de Thích Nhất Hạnh [1926- ] citados en el libro Vivir en el alma [2008] de Joan Garriga [1957- ].

domingo, 12 de febrero de 2017

Tres años

Tres años de blog... ¡como para no estar contento!

sábado, 11 de febrero de 2017

Los hombres más felices del mundo

Miramos unos cuantos cuadros más. Frente a cada uno de ellos, Hancock o bromeaba con su mujer o hacía preguntas y expresaba su admiración. Cuando volvimos a sentarnos, dijo:
—Debe de ser usted un hombre feliz.
—¿Por qué lo dice?
—Porque puede trabajar aquí todo el tiempo —Hancock dejó correr la vista alrededor del estudio—. Siempre se lo digo a Vee: los artistas son los hombres más felices del mundo.

De la novela Un pintor de hoy [1958] de John Berger [1926-2017].

viernes, 10 de febrero de 2017

jueves, 9 de febrero de 2017

Hoy estamos un poco más solos...

Ayer empecé el día con la noticia de la muerte de José Luis Pérez de Arteaga, locutor de Radio Clásica. Muchisísimo de lo poco que sé de música se lo debo a las muchas, muchas, muchas horas que he pasado escuchando sus programas en los últimos treinta años...
Sit tibi terra levis.

miércoles, 8 de febrero de 2017

gente que lee (131)

Niño leyendo en una escuela en 1945.
Fotografía de Frank Scherschel [1907-1981].

martes, 7 de febrero de 2017

Si es de noche y no duermo


Si es de noche y no duermo, 
me gusta salir a la terraza a contemplar las nubes
que flotan en el cielo nocturno.
La ciudad que conozco en ese instante
se convierte en algo extrañamente desconocido.
Con sumo cuidado, abro y cierro la puerta,
temeroso de perturbar el silencio de la noche.

Del libro Hermosa soledad [2014] escrito e ilustrado por Jimmy Liao [1958- ].

lunes, 6 de febrero de 2017

Sorpresa

Nieva,
tras el cristal,
a cámara lenta.

Nieva, 
un paisaje
de calma y silencio.

Nieva.
Y se vuelve 
a la primera vez
de tocar el frío.

De De paso por los días [2016] de Ana Belén Martín Vázquez 1971- ].

domingo, 5 de febrero de 2017

sábado, 4 de febrero de 2017

viernes, 3 de febrero de 2017

Puede ser

Un granjero vivía en una pequeña aldea. Sus paisanos lo consideraban afortunado porque tenía un caballo, que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al llegar la noche los vecinos fueron a consolarle por aquella grave pérdida. Todos le decían: «¡Qué mala suerte has tenido!». La respuesta del granjero fue un sencillo: «Puede ser».
Pocos días después, el caballo regresó, trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas. Enterados los aldeanos, acudieron de nuevo a su casa, esta vez para darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: «Puede ser».
Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero ésta lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte, pero el padre se limitó a decir otra vez: «Puede ser».
Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, mas éste, como ya podemos imaginar, contestó nuevamente: «Puede ser».
Y así ad infinitum. Por lo que de nuevo cabe aquí la pregunta esencial: ¿qué sabemos?

Cuento taoísta citado por Joan Garriga [1957- ] en su libro Vivir en el alma [2008].

jueves, 2 de febrero de 2017

Cosas que aprendemos

—¿Quién nos iba a decir que íbamos a ser amigos durante tantos años?
—Yo no, la verdad.
—¿Sabes qué es lo que aprendí de vos? ¿Qué me estuviste enseñando sin darte cuenta durante todo este tiempo?
—¿Por qué no seguimos andando?
—Porque te estoy diciendo algo importante, ¿no podés esperar un minuto? ¿A qué viniste?
—Ya, es que por eso quiero desayunar, para estar preparado. ¿Qué es eso tan importante que has aprendido de mí? A ver...
—Que nunca pedís nada a cambio. Jamás pasás facturas. Sos generoso. Yo no.
—Gracias.
—¿Y yo?
—¿Tú qué?
—¿Qué aprendiste de mí?
—¿De ti? Nada. Absolutamente nada. Cosas ilegales, como mucho... A ser valiente. Siempre te has atrevido con todo. Como ahora. 
—¿Ves? Ya solamente por eso valía la pena que te vengás desde el Polo Norte, ¿o no?

Diálogo entre Julián (Ricardo Darín) y Tomás (Javier Cámara) en la película Truman [2015] de Cesc Gay.

miércoles, 1 de febrero de 2017

martes, 31 de enero de 2017

lunes, 30 de enero de 2017

Siglo XXI

está leyendo
los últimos
avances
científicos

maravillado
dios se pregunta
si acaso
existe

De Soportar la noche [2015] de David Minayo [1981- ].

domingo, 29 de enero de 2017

Nunca más

El día 16 tuve la suerte de que el minicuentito que había enviado la semana anterior al concurso Relatos en Cadena fuera seleccionado para la final semanal de ese día.
Unos días después mi amiga María me preguntó si ya tenía listo el de la siguiente semana. Le envié lo que tenía escrito y le dije que por qué no se animaba a presentarse también. Me dijo que de qué se iba a presentar ella. Pero al rato me envió un audio de guasap con un texto que me encantó. Le pedí permiso y lo envié en su nombre.
¡¡¡Y el lunes pasado me llamó a media mañana diciéndome que la habían seleccionado para la final de esta semana...!!!

Título :: Nunca más
«No quiero volver a verte nunca más», se repetía en su cabeza.
«No quiero volver a verte nunca más», trataba de convencerse.
«No quiero volver a verte nunca más», acertó a susurrar.
«No quiero volver a verte nunca más», repitió con decisión.
«No quiero volver a verte nunca más», gritó, «no eres real».

Ninguno de los dos hemos pasado a la final mensual... pero ¡cómo lo hemos disfrutado...!

El inicio del cuento para la próxima semana 'tiene un majao', como me dijo el otro día mi tío Paco:
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca.

A ver qué nos sale...

¡Seguimos!

sábado, 28 de enero de 2017

Despedida

Bebe un poquito más de agua, que ya sabes que luego, por la noche, te da mucha sed. No, ya no queda nadie en la habitación. Hace rato que pedí a todos que salieran. Espera, que se te han caído unas migas en la sábana. Ya está. ¿Te recojo la cena o quieres comer un poquito más? Vale, no te preocupes, termina tranquila. No hay prisa, el enfermero volverá a pasar más tarde a recoger las bandejas que faltan. No corras. Te ayudo con eso, ¿no?, que al cortarlo me han quedado los trozos un poco grandes. Tranquila, va a ser fácil. Tus padres me dijeron que ellos no podían hacerlo. Hemos hablado mucho estas semanas, imagínate, y hace días que vimos claro que había llegado el momento. Hemos hablado tantas veces de que no querías llegar a verte así. Sí, van a estar tristes, claro. Todos vamos a estar tristes, pero no más de lo que estamos ahora. Bebe un poquito más de agua, anda, que te va a sentar bien. ¿Ya has terminado con la cena? Estupendo. No, no hagas fuerza con esa mano, que te vas a hacer daño. Yo lo recojo. Así. Perfecto. ¿Tienes bien la almohada? Un momento, que te la subo más. Ya está. Dame la mano, anda. Voy a bajar un poquito la luz y ya verás como enseguida te duermes. Tranquila, voy a estar aquí contigo todo el rato. Hasta que te duermas. Y cuando te quedes dormida aún me quedaré aquí, ¿vale? ¿Estás cómoda? Venga, descansa tranquila...

La Cabrera, enero de 2017.

Licencia Creative Commons
Despedida por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

***

Este texto breve lo hice a principios de este año para presentarlo a uno de los ejercicios que nos ha propuesto Ángel Zapata en el curso que estoy haciendo con él en la Escuela de Escritores.

Creo que me quedó corto, no me convence del todo, le falta darle un par de pensadas para que se entienda bien lo que quiero contar y dejarlo redondo, pero quise llevarlo a clase de todas formas. Por lo mismo que hoy me apetece colgarlo aquí, casi sin retocar.

Después de leerlo en clase Ángel me preguntó que qué me interesaba de este tema. Expliqué que quería escribir algo sobre la muerte y sobre acompañar y ayudar a alguien a bien morir. Y que me había salido un párrafo, quizá algo escaso, con el que me había quedado con ganas de más, pero que me interesaba mucho el tema y saber qué críticas podía recibir...

Me respondió que la muerte real no es un tema literario.

Ángel es un tipo con el culo pelao de hacer cursos y talleres de escritura y que cuando habla no da puntás sin hilo, así que aunque algunos de sus comentarios y críticas te pueden dejar un poco torcido, merece la pena darles una vuelta, o más de una, porque suelen tener mucha tela detrás.
Al decir ésto de que la muerte no es un tema literario enseguida algunxs preguntamos que cómo es eso de que la muerte no es un tema literario, que qué pasa entonces con Crónica de una muerte anunciada ó Cinco horas con Mario o las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique o tantas otras obras en las que se trata la muerte.
Y nos respondió que lo que no es un tema literario es la muerte real, el hecho en sí de morirte, de estar vivo y dejar de estarlo. Que sobre eso no quiere leer nada nadie. Que no tiene ningún interés. Que ahí no hay nada que contar: uno está, se muere, y deja de estar. Y ya. No hay más historia. No hay cuento.

Pero que lo que sí es literario es hablar de la despedida, de la memoria, de la simbología de la muerte, de lo que ocurre con quienes se quedan o con quien se va, de las repercusiones de que alguien muera, etc., etc., etc.

Y claro, ahí sí que están esas obras que recordábamos y tantas más en las que hay muertes y se trata todo lo que ocurre alrededor de esas muertes.

Y claro, ahí sí que mi textito se queda fuera. Yo hablo en ese párrafo sólo de alguien que se muere y alguien que le acompaña. No hay más. He vuelto a leerlo. No estoy seguro de cuánto me gusta ahora, unas semanas después de escribirlo y leerlo. He entendido la critica que me hacía Ángel y me parece que es muy pertinente al texto que llevé. Pero también he pensado que hay veces que uno escribe algo no necesariamente para hacer literatura o para que alguien le lea, sino para pensar y pensarte. Y creo que eso es lo que yo hice con este texto: es una especie de reflexión en voz alta, una pensada sobre cómo morir, y el 'fallo' fue llevarlo a clase como si fuera un cuento...

A pesar de todo, puse una energía en este parrafito que me parece que mereció la pena. Y por eso me apetece compartirlo hoy aquí.


Y porque hoy es también un buen día para mí para pensar en la muerte de personas queridas y en cómo me gustaría acompañarlas o que me acompañen cuando me toque...

***

Por cierto, ayer vi Truman.

viernes, 27 de enero de 2017

Nubes y claros

La rosa no se lo cree.

Su cuerpo se estremece de miedo.
—¿De verdad que hay gente en el mundo que no me quiere?

No me atrevo a responder,
porque tengo miedo de que, de pronto, se marchite.


Del libro Hermosa soledad [2014] escrito e ilustrado por Jimmy Liao [1958- ].

jueves, 26 de enero de 2017

Isabel Calvo

Anoche me enteré de que ha muerto Isabel Calvo. Fue la profesora que tuve en el primer curso de Escritura Creativa que hice el año pasado en la Escuela de Escritores de Madrid. De hecho me enteré de la noticia por un guasap que me enviaron compañerxs de ese curso con los que aún mantengo contacto. Me sentaron muy bien las clases a las que asistí con ella durante ese trimestre, ahora hace justo un año, y muchos de sus comentarios me animaron a seguir escribiendo...
Una pena...
Sit tibi terra levis...

miércoles, 25 de enero de 2017

martes, 24 de enero de 2017

Cosmogonía

En el momento de crear el mundo Dios era una liebre, no todo tiene explicación, era una liebre, punto; de manera que cuando Dios dijo «hágase la luz» lo dijo con una boca pequeñísima, una boca ridícula, de liebre, y la luz se hizo, es verdad, pero se hizo igual que la vemos ahora: una luz triste y medio paralítica, una birria de luz, y yo (que de algún modo estaba allí con Dios, estaba en parte, si no recuerdo mal) le dije en confianza:
—¿A ti te parece que esto es una luz: una luz de las buenas?
No medí las palabras, lo reconozco. Pude ser mucho más diplomático. Porque el caso es que Dios se me quedó mirando con aire de condescendencia. Y entonces yo, en vez de plegar velas, me crecí:
—Te voy a ser sincero —le dije—: una luz como la que has creado puedes metértela donde te quepa. No te ofendas. Pero puedes metértela donde te quepa, de verdad.
Las liebres no tienen aguante, ahora lo sé. A una liebre tú no le puedes decir las cosas a la cara, y si esa liebre encima es Dios, ni hablemos. ¿Hay un solo Dios? Sí, hay un solo Dios, pero en el momento de crear el mundo era una liebre. La idea misma de crear el mundo solo pudo ocurrírsele a una liebre, apesta a idea de liebre; y por eso cuando yo le dije que aquella luz color mierda de liebre que había creado podía metérsela en mal sitio, no es solo ya que no me hiciera caso literalmente (con eso no contaba), sino que se agarró un rebote de tres pares. ¿Qué hizo entonces?
Pues crear todo lo demás. De golpe. Nada de «en siete días». Eso es mentira. Dios creó el mundo en un pispás porque no es capaz de encajar una crítica. Y lo hizo cabreadísimo, ya digo. Creó las estrellas, separó las aguas, creó a mala leche a José Feliciano, creó el nadir, el orto, creó un diccionario de bolsillo para buscar «Nadir» y «Orto», creó los animales que pueblan el mar, los mejillones y toda esa inmundicia, y en medio de aquella catástrofe yo seguía allí, de pie junto a la liebre, y sin dar crédito a lo que estaba viendo:
—¡Joder, joder, joder...! —decía yo desesperado, a cada nuevo acto de creación.
Y Dios venga a crear, como un poseso, no sé si convencido de lo que hacía, o por el gusto de humillarme. Porque lo cierto es que se despachó. Creó hasta hartarse. Lo último que creó fueron los santos (los creó directamente sobre sus peanas y sus hornacinas), y ya al final-final, por este orden: el queso de tetilla, el ñu azul, los protones y los antiprotones.
Cuando hubo terminado —dice la biblia—, Dios se volvió hacia su creación y vio que era buena. Eso dice la Biblia. Que era buena. ¡No te jode! Y supongo que lo dice en serio, pero yo me pregunto todavía para quién era buena la creación de Dios. ¿Para unos pocos? ¿Para los de siempre? ¿Quizá para las liebres como Él? Una liebre no tiene aspiraciones, eso está claro. Una liebre es feliz con que no la preparen al ajillo. «Liebre» y «feliz» son palabras sinónimas o casi. Un día sales al campo con una amigo —a buscar setas, por ejemplo—, y muy mal tienen que ir las cosas para que en un momento de la excursión el amigo no diga de pronto:
—¡Ahí va una liebre! ¿La has visto? ¡Qué feliz iba, la muy ladina!
—¡Lástima no tener una escopeta! —le dices tú al amigo para seguirle la corriente.
Y lo mismo sería aplicable a Dios, en el momento de crear el mundo. Me da igual lo que diga la Biblia. La creación es monstruosa. El mundo es lúgubre. El mundo es triste de cojones. Yo seguía aún al lado de la liebre —ya lo he dicho—, todavía inmóviles los dos, aunque la situación no era la misma. No era ni parecida. En absoluto. Hasta un momento antes, la liebre creaba con el pensamiento, creaba con el logos espermático y con el ojo pineal; encima de nosotros crecían colonias de madréporas y por debajo —un poco apiñadas— jugaban a las cartas las doce tribus de Israel, imagino que por matar el rato. En cambio ahora, una vez creado todo o casi todo, arriba y abajo se habían vuelto conceptos muy relativos, y esta idea de relatividad se extendía a la aguja de los metrónomos, a la cal viva, a la pelusa del melocotón, a la deriva del continente antártico... Y se extendía, además, a una velocidad vertiginosa:
—¡La relatividad de todo es pan comido! —dijeron los primeros gilipollas, que desde hacía unos minutos ya pululaban por allí.
Yo les di la razón como a los locos («que sí, que vale»). Y como a esas alturas empezaba a aburrirme, dije adiós a la liebre con la mano («sin rencores», pensé para mí), paré un taxi, y me volví a mi casa.
Me fui sin más, acabo de decirlo.
Y me fui porque sí. Porque la fiesta estaba decayendo, y a mí ese punto me deprime siempre. ¿Me dejo algo en el tintero? No lo sé: cabos sueltos si acaso. Hay una extraña variedad de junco, en el lago Ontario, que al envolverle la raíz en fieltro es capaz de imitar la voz humana. Esto no dice nada (ni a favor ni en contra) de lo que acabo de contar. Pero me deja pensativo. Y muy especialmente en lo que se refiere a la expresión «la voz humana».
Pensativo. Eso es todo.
No saquemos las cosas de quicio.

He empezado mi lista de libros de este año leyendo Materia oscura [2015], uno de los libros de relatos publicados por Ángel Zapata [1961- ], mi profe de escritura creativa en la Escuela de Escritores. Esta Cosmogonía es el relato que abre el libro...

lunes, 23 de enero de 2017

Un regalo, una sorpresa

Aquella fue la primera vez que vi con mis propios ojos los efectos terapéuticos de la literatura en su autor. Sabía que los libros pueden a veces ayudar a otros, a los lectores, para quienes son un regalo, una sorpresa, pero estaba convencido de que el autor, una vez acabados, no obtiene de ellos ningún provecho intelectual ni puede obtenerlo. En cambio allí, en el cuartucho-taller de Czapski, abarrotado todavía de caballetes —por desgracia entonces ya en desuso—, resultaba que lo almacenado en un ensayo o un libro, o en la cita de algún autor predilecto, podía funcionar como una inyección rejuvenecedora, aunque sus efectos no duraran más de media hora. Huelga decir cuán conmovedor era eso y qué significado otorgaba a la lectura en voz alta.

Desde una islita remota de Filipinas, Vero me envía este párrafo de un libro que aún no he leído pero que, viniendo de ella la recomendación, seguro que promete: En defensa del fervor [2002], de Adam Zagajewski [1945- ].

domingo, 22 de enero de 2017

sábado, 21 de enero de 2017

Poesía en el CLS

La mayoría de quienes asistimos al Club de Lectura Serrano no solemos leer habitualmente poesía. Así que hace un par de sesiones se nos ocurrió que podría ser una buena idea dedicar una a hacer una lista de propuestas (poetas y libros) que nos sirviera para tantear cosas que nos pudieran gustar.
Ayer tuvimos la quedada y nos salió una lista variada, dispar y apetecible...
  • (Tras)lúcidas. Poesía escrita por mujeres [1980-2016].
  • Cenizas en los labios. Angelina Gatell [1926-2016].
  • Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda [1904-1973].
  • Hojas de hierba. Walt Whitman [1819-1992].
Y también salieron en la conversación Marcos Ana, Gabriel Aresti, Miguel Hernández, Lope de Vega y más... y hablamos de género y de privilegios masculinos y de literatura escrita por y para hombres y/o por y para mujeres y hablamos (muy poquito) de Donald Trump.

Y nos hemos puesto deberes para los próximos meses:
  • Febrero :: nos hemos propuesto leer algún "clásico" y hemos elegido Luces de bohemia de Valle-Inclán.
  • Marzo :: dedicaremos la sesión a algún tema relacionado con el género... aún no está definido del todo qué leer y de qué hablar, pero en la conversación salieron como propuesta los cuentos de Alice Munro.
  • Abril :: literatura de viajes.
  • Mayo :: literatura clásica griega y/o romana.
¡¡¡Seguimos!!!

viernes, 20 de enero de 2017

jueves, 19 de enero de 2017

La máquina de hacer cosquillas

La penúltima vez que el padre entró en la librería de la plaza —de eso hace ya un año— fue con su hija. Cada domingo, iban a comprar el periódico y, de paso, le echaban un vistazo a la sección de libros infantiles. Hojeaban volúmenes ilustrados con cocodrilos rojos, conejos azules, jirafas verdes, y al padre le admiraba esa obsesión por cambiar el color de las cosas: naranjas amarillas, plátanos rosas, manzanas moradas. De vez en cuando, se llevaban uno. A la niña le hacía ilusión llevar el libro hasta el mostrador, dejarlo junto a la caja y esperar a que la dependienta —siempre la misma— lo metiera en una bolsa y le dijera cualquier cosa. Un día, la dependienta le regaló un huevo de chocolate envuelto en papel de plata. La niña lo llevó en la mano como un trofeo y no lo abrió hasta llegar a casa. De domingo en domingo, aquella ceremonia se fue convirtiendo en una tradición. Con una insistencia que incomodaba un poco al padre —sobre todo cuando sólo compraban el periódico—, la niña se plantaba ante el mostrador esperando —con el silencio de alguien que justo empieza a hablar y los ojos bien abiertos— recibir el huevo que la dependienta le regalaba.
Hasta que pasó lo que pasó.
El padre no volvió a la librería. Durante meses, tuvo que recuperarse, medicarse, encontrar el norte. De vez en cuando, un vendaval de postración lo destruía todo y era necesario volver a empezar: bocanadas de pasado que, organizadas en emboscada, lo atacaban con imágenes de una insultante nitidez, como cuando recordaba el día en el que inventaron el juego de la máquina de hacer cosquillas. El padre la perseguía moviendo los dedos de las manos como si fueran las patas de una araña, se acercaba a la niña, la levantaba e, imitando la voz de un monstruo televisivo, decía: «¡Cuidado con la máquina de hacer cosquillas!» Y ella pedía más y más, y se reía con unas carcajadas que el padre nunca más volverá a escuchar. De eso hace un año, aunque a él le parezca que hayan pasado treinta. 
Ayer, sin embargo, tuvo que volver a la librería. Se había comprometido a comprar un libro para un amigo que cumple años —la vida continúa, no se cansan de repetírselo— y, como lo había ido dejando hasta el último momento, no le quedó más remedio que acudir a uno de los pocos sitios abiertos en domingo. En el momento de entrar, deseó que, como mínimo, la dependienta no fuera la misma. También se prometió a sí mismo no acercarse a la sección de libros infantiles y poner en práctica todos los consejos de la gente que, de buena fe, ha intentado ayudarle. La dependienta era la misma. Lo saludó como si de verdad se alegrase de verlo y le preguntó por la niña. Haciendo de tripas corazón, el padre mantuvo una sonrisa de circunstancias atascada en los labios hasta que, entre dientes, consiguió mentir:
—Se ha quedado en casa. Está un poco resfriada.
Con una amabilidad que él no había previsto, la dependienta le ofreció un huevo de chocolate. 
—Toma. Dáselo de mi parte. 
Salió de la librería sin el libro que había ido a comprar. Entro en el coche. Miró el huevo. Antes de que los dedos le temblaran demasiado, lo desenvolvió procurando no romperlo y, lentamente, se lo fue comiendo. Sin apetito. Incapaz de guardarlo porque le habría recordado demasiado a la niña. Incapaz de tirarlo, porque le habría parecido una traición a su intensa, perdurable memoria.  

Del libro El último libro de Sergi Pàmies [2000] de Sergi Pàmies [1960- ].

martes, 17 de enero de 2017

Calderón

Hoy se cumplen 416 años del nacimiento en Madrid de Pedro Calderón de la Barca [1600-1681].